141. Bucólicas. Geórgicas. Apéndice virgiliano

Introducción, traducción y notas de T. de la A. Recio y A. Soler. Intr. de J. L. Vidal. Revisada por J. González, J. L. Moralejo y E. del Barrio. El Mantuano era un clásico casi en vida y lo fue sin duda al día siguiente de su muerte: la fama de que gozó, la veneración que los romanos todos sintieron por Virgilio resulta difícilmente comprensible por culturas como la occidental, donde los poetas, ni aun los más grandes, no han tenido una influencia tan directa en la crianza espiritual de una sociedad. Mas, aun alejado de su Roma, el encanto del verso virgiliano, la aparente transparencia del alma del Poeta, y esa maravillosa capacidad para despertar la "compasión" del lector ante el dolor del mundo, para hacer percibir lo universal en lo concreto, le han granjeado abundantes lectores, al margen de supuestas profecías y fervorosas adopciones por parte de Dante. Las Bucólicas, que, en un escenario pastoril que toma de Teócrito, evocan tanto sucesos de la vida contemporánea como temas como el amor, la poesía, el saber o la muerte, tuvieron una influencia enorme en la literatura bajomedieval y renacentista. A distinto género, el didáctico, pertenecen las Geórgicas, que a instancias de Mecenas escribe Virgilio sobre la agricultura, el ganado y la apicultura, ámbito este último de gran importancia en el mundo antiguo. Pero el poema rebasa lo didáctico para convertirse en un canto a la vida y al trabajo manual en el campo —ese que al decir de la vulgata marxista era propio de esclavos—. El final del libro segundo es el más hermoso alegato a favor del honrado trabajo campesino, así como la más dura recusación de la vida de la ciudad, incluyendo la gloria misma de Roma. La primera traducción al castellano se debe a Juan de Sobrarías y se imprimió en Zaragoza en 1515.

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