Desde su primera aparición en 1511, el Elogio de la locura tuvo un éxito arrollador, que sorprendió a su propio autor. Erasmo planteó su ensayo como un simple divertimento retórico en el que, bajo la forma de elogio paradójico, la Locura personificada se vanagloriaba de tener el poder de gobernar a los seres humanos. Pero el texto era mucho más que eso y Erasmo supo hacerlo crecer en ediciones posteriores.
Gracias a su ironía desbordante, a su constante juego de dobles (y triples) sentidos y a su afinado análisis de la sociedad y la filosofía de su tiempo, el Elogio de la locura se convierte en una obra maestra que supo capturar el espíritu de una época revolucionaria y sin la cual no puede entenderse el Renacimiento europeo.